El Rey, con paso tranquilo, pero decidido, se dirigió hacia un lado del salón
ovalado. El Ministro, por su parte, con el mismo paso decidido pero tranquilo, se
dirigió en dirección contraria al otro lado del salón ovalado.
Los espías los observaban de reojo mientras consultaban en sus libretas
"parece", "focos", "rebeldes", "exigen".
Los contraespías estaban atentos a los espías, y los contracontraespías no perdían
de vista ni un momento a los contraespías correspondientes.
El Rey se paró un momento y el Ministro, respetuoso, se paró también.
Estaban a más de 20 metros de distancia cuando un espía más astuto observó y
apuntó en su libreta: "Este Ministro, o habla solo o está rezando".
Pero nadie pudo oír nada.
Sólo el Rey pudo percibir claramente el mensaje del Ministro: "Majestad,
con todos mis respetos, su bragueta está totalmente abierta"